De pronto se levantó con ansia y se apoyó en uno de los brazos del sillón. Ante aquel llamado tan desgarrador, el otro se volvió hacia ella, con una expresión de inmensa desesperanza y, respirando convulsivamente con los ojos húmedos y muy abiertos, posó en ella una mirada de salvaje intensidad. Se mantuvieron separados unos instantes, y no vi bien como se unieron, pero Catherine saltó, y el la capturó al vuelo, y se trabaron en un abrazo tal que temí que la señora no saldría de entre sus brazos con vida: de hecho, a mis ojos, parecía completamente haber perdido el sentido.
El se desplomó en el asiento más cercano. Y cuando yo me acerqué deprisa para comprobar si ella se había desmayado, el me gruñó, rechinando los dientes y echando espuma por la boca como un perro rabioso, y volvió a abrazarla con codicioso furor. Me sentí como si no estuviera en compañía de seres humanos: me pareció que él no entendería, por más que yo le hablara: así que me aparté muy desconcertada, y me quedé en silencio.
Me tranquilizó un poco ver que Catherine hacía un movimiento: levantó la mano para asirlo del cuello, y acercar la mejilla de ella a la de él; y él, por su parte mientras la cubría de frenéticas caricias, le dijo con locura:
—Ahora me demuestras lo cruel que has sido... cruel y falsa. ¿Por qué me despreciaste? ¿Por qué traicionaste a tu propio corazón? No tengo una sola palabra de consuelo para ti. Te lo mereces. Bésame y llora, arráncame besos y lágrimas, que ellas te cegarán y te condenarán al infierno. Tú me amabas ¿Y con qué derecho me abandonaste? ¿Con qué derecho? ¡Respóndeme! ¿Fue a causa de esa pobre fantasía que sentiste por Linton? Ya que no podían separarnos ni la miseria ni la degradación, ni la muerte, ni nada de lo que Dios o Satán hubieran podido infligirnos, fuiste tú, por tu propia voluntad, quien nos separó. Yo no desgarré tu corazón; tú lo partiste; y al romperlo, destrozaste el mío. Tanto peor para mí si soy más fuerte. ¿Es que quiero vivir? ¿Qué vida será sin ti? ¡Ay, Dios! ¿Querrías vivir tú con el alma en la tumba?
—Déjame en paz. Déjame en paz. — sollozó Catherine — Si hice el mal, lo pago con la vida. ¿No basta? Tú también me abandonaste, pero no te lo reprocho. Te perdono. ¡Perdóname!
—¡Cuesta perdonar, y mirarte, cuando veo esos ojos y toco esas manos consumidas! Bésame de nuevo, pero no me dejes ver tus ojos. Te perdono lo que me hiciste. ¡Amo a mi asesina! Pero... ¿amar a la tuya? ¿Cómo podría?
16 abr 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 horrocruxes:
Publicar un comentario
🍃