Cuando la oscuridad de la noche se hace presente,
desplazando la luz del día, allí lo encuentro. Dulce melancolía es la mía al
recordarlo siempre. En cada momento, a pesar de que a veces lo deteste y quiera
olvidarlo, mi cruel inconsciente no lo permite… ¿Acaso será algún juego mental
que mi propia mente ha preparado para mí, con ningún otro motivo más que
torturarme? Freud quizá lo afirmaría. ¿Yo? Yo no tengo ni la más remota idea
acerca de todo esto.
Sensual y lozano se acerca hacia mí, provocando que el ritmo
de mi corazón se acelere. De un rostro tallado por los mismísimos ángeles,
haciendo juego con esa boca, con esos labios tan hipnóticos que me imploran a
silenciosos gritos que yo sea la dueña. De
un cuerpo digno de un dios griego, alto, fornido y voluptuoso. De un aura tan
atrayente, tan magnética… que no puedo dejar de pensar en otra cosa que no sea
él. Se me hace insoportablemente atractivo, y él lo sabe.
Sabe que es mi debilidad, y no duda en aprovecharse de eso.
De una personalidad sumamente egocéntrica, altanera y vanidosa.
De un carácter frívolo, buscapleitos y extremadamente narcisista. Lascivo,
bestia, idiota. A grandes rasgos, parece no poseer nada bueno…
Pero sin embargo, a pesar de que la lista de sus defectos
sea más extensa que la de sus virtudes, yo le quiero. Le quiero mucho, tanto
que me desconcierta. Lo sueño aún cuando estoy despierta, desde tiempos
inmemorables, quizá mucho antes que lo conociera, o inclusive mucho antes de
que Colón descubriera América, o de que
Moisés liberara Egipto. Yo sé que lo deseé desde tiempos remotos y de lo más
profundo de mí ser. Sé que estamos tan profunda e irremediablemente conectados
que las fuerzas de la química escapan a la razón y nunca vamos a poder tener
nuestro tan ansiado final feliz.
…Porque, a veces, por más de que yo le quiera mucho, las
personas se cansan. Se cansan de hacer todo lo mejor posible y que al otro parezca
importarle un bledo. Se cansan de ser la segunda opción…
Se cansan de que su amor no sea valorado, o peor aún, que no
sea visto.
Así que, sin nada más que confesar, me despido de ti. Me
despido de este amor destinado al fracaso desde el principio. Pero, una cosa más,
no me olvides. No olvides lo que intenté salvar y lo que, indiferentemente,
tiraste a la borda al no tener en cuenta que la persona que tanto buscabas
estaba al frente tuyo… o quizá siempre lo supiste y no le diste la importancia
que merecía. Quiero convencerme a mi misma de que no, pero a estas alturas me
resulta difícil hacerlo.
Milagros.


0 horrocruxes:
Publicar un comentario
🍃