La forma en cómo se mueven las hojas cuando el viento
arremete contra ellas siempre me hace recordar a lo nuestro. Vos, como el
viento, soplando fuerte sin medir las consecuencias, sin pensar que me podía
soltar, que podía irme. Yo, tratando con todas mis fuerzas de sostenerme, a
veces flaqueaba e incluso otras veces parecía que estaba a punto de quebrarme y
caer, pero siempre traté de aguantar.
En algunas situaciones, soplabas calmo, me acompañabas con
tu brisa y yo no tenía que hacer ningún esfuerzo, en algunos momentos nos
encontrábamos en plena armonía y equilibrio, rebosando de felicidad. Lo nuestro
siempre fue así; o estábamos en la cima o nos ahogábamos en lo más hondo. O
soplabas con calma o arremetías contra mí. Yo siempre te atajaba, pero mi error
fue nunca haberte detenido.
Sospecho que nunca esperaste que algún día la hoja que
estaba unida tan firmemente a la rama y que hacía todas sus fuerzas para no
separarse se fuera a caer. Supongo que siempre esperaste más de mí de lo que
realmente te pude dar. Tus irregularidades embistieron contra mí con su mejor
golpe, con el mayor ímpetu, sin embargo no me pude defender, no te pude
parar... o no quise hacerlo. En las últimas instancias ya me había dado cuenta
de que no íbamos a ser y que la culpa no era más tuya que mía o más mía que
tuya, sino que era de los dos. De hecho creo que fue la única cosa que
compartimos de manera equilibrada a lo largo de todo el tiempo que estuviste a
mi lado.
No obstante, aunque lo nuestro siempre estuvo destinado
desde un principio a no ser, aunque en lo más recóndito de mi ser oscilaba el
claro presentimiento de que no era para vos ni vos eras para mí, yo te quise.
Juro que te quise más que a la rama a la cual abrazaba con todas mis fuerzas.
Juro que te quise a pesar de que hayas sido vos quien fue la causa de mi caída.
Juro que te quise a pesar de nunca fuimos hechos el uno para el otro, y si
pudiera, repetiría este error mil veces aunque tenga el mismo final, porque
admito todavía quererte y quizá, sólo quizá me gusta sentir cómo tu brisa me
bordea y me hace bailar al compás de la fría ventisca que se abalanza sobre mí
y sobre vos.
Lo escribí pensando en vos, porque últimamente estás más raro que nunca, te encuentro distante y no sé qué te pasa. Esto refleja lo que me pasa a mi.
Milagros.


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