"Creo que uno cuando se relaciona con otra persona empieza a tener en cuenta valores."
¿Cuáles? Hasta el día de hoy, por más que lea y relea la bendita última página de nuestra historia no encuentro de qué valores hablabas. ¿El valor de lastimar a una persona, quizá?
"Te lo cuento porque me sentí mal."
¿En serio te sentiste mal? Claro, por eso me contaste una historia totalmente distinta a la que en realidad había sucedido.
"Pasó hace semanas, no significó nada."
Y de casualidad se habían visto dos días antes de su sincericidio.
Podría seguir enumerando todas las mentiras que disfrazaste con hermosas palabras para que te creyera, no sólo las de ese día, sino las de todo el tiempo que salimos. Porque todo fue una mentira.
Una mentira que por idiota creí, que juro que cada vez que pienso en todo no puedo evitar maldecirme a mí misma por haber creído con tanta facilidad todo lo que me decías: por nunca haberte puesto en tela de juicio, como si fueras impune de todo, como si fueras la excepción a la excepción. Como si te hubiera idealizado como el que tal vez podía ser (cosa que hice y me arrepiento tanto...)
Y es que hasta el día de hoy todavía no entiendo qué pasó por tu cabeza cuando me lastimaste tanto, no logro descifrar si siempre ese fue tu propósito. No logro entender cómo yo todavía sigo dándole vueltas al asunto, intentando darle un punto final a la página, cuando vos ya cerraste el libro y de hecho lo cambiaste. (Bah, no lo cambiaste, volviste a leer el anterior)
No entiendo, te juro que no puedo lograr darle un punto final. La tecla yace sobre mi dedo, pero simplemente no me animo a pulsarla. El cierre está al alcance de mi mano, pero no puedo alcanzarlo. No lo logro, en lo más profundo de mí, fallo.
Fallo, la página sigue sin terminar. El libro sigue en la misma hoja de siempre, incompleta.
Tal vez espero que vos des el cierre conmigo. Pero ya lo hiciste hace rato.


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